La formación en el ámbito del riesgo de caída de altura es un factor indirecto que puede mejorar mucho la competencia de los trabajadores o no servir para nada, esto se debe a que es muy específica y por tanto no se debe hacer de forma genérica

Los cursos que nuestros trabajadores han de recibir deben de cumplir con lo que indica la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (Ley 31/1995) y en este campo de los cursos tienen que ser teóricos y sobre todo prácticos, evitando las formaciones que no tengan esta segunda parte.

La visión clásica de las empresas es que la formación es un gasto directo que se asume como un requisito para entrar en ciertos sectores y que no forma parte de la producción diaria de sus operarios, no se suele valorar como se hace con una inversión en investigación de nuevos productos, la adquisición de un nuevo equipo que reduzca los tiempos de producción, la implantación de equipos más eficaces, etc.

Para valorar la formación como una inversión debemos saber y tener muy claro dos conceptos básicos, cuál es el coste y qué beneficios nos va a aportar tener esta cualificación.

Coste de la formación

Vamos a empezar valorando cual es el coste real de la formación, todos los cursos tienen una serie de componentes que sumándolos nos dan el coste de ésta, estos son algunos de los aspectos que podemos tener en cuenta, evidentemente son variables dependiendo de numerosos factores:

  • Coste del profesor, para teoría y para la práctica.
  • Coste de las instalaciones, en sus distintas opciones.
  • Gasto en equipos que se utilizan.
  • Material genérico para los alumnos.
  • Material específico.
  • Material consumible.

Beneficios de la formación

Qué obtienen los operarios cuando reciben una formación de trabajos en altura:

  • Reconocer los riesgos a los que se exponen.
  • Conocer los procedimientos de trabajo adecuados tanto genéricos como específicos.
  • Realización de operativas de acceso a zonas con riesgo de caída a distinto nivel.
  • Conocer equipos de trabajo y su rango de utilización.

Invirtiendo en formación

Una vez que establecemos esta relación coste-beneficio,  el objetivo que tenemos es maximizarla para conseguir el máximo retorno y por tanto transformar el gasto en una inversión. Que eso suceda dependerá esencialmente de la calidad de estos cursos, y que podemos valorar para sumar o restar calidad:

  • La especialización del formador.
  • El contenido adaptado de la parte teórica de la formación.
  • La presencialidad en las formaciones prácticas.
  • Disponer de un escenario real para poder realizar estos ejercicios (centro de prácticas).
  • En formaciones dentro del propio centro de trabajo hemos de tener en cuenta las operativas que se realizan y que se puedan adaptar para un curso.

Debemos por tanto huir de las formaciones cuyo valor es “0”, y por ello, como consejo, hemos de alejarnos lo máximo posible de los cursos que contengan frases como estas:

  • Formación teórica/práctica 100% on-line.
  • Cursos de poca duración e índice de contenido inmensos, por ejemplo: 2 horas de curso para cubrir 10 competencias.
  • Cursos agrupados con duraciones imposibles, en una misma jornada se obtiene formación en altura, rescate, espacios confinados, inspección de EPIs, etc.
  • Evitar formaciones multitudinarias, cursos con 20 o 30 alumnos no suelen ser productivos.
alumnos practicando en el curso de formacion en las instalaciones de proalt en murcia

Ejemplo de Formación práctica con un ratio de 1/7

Cómo podemos filtrar para conseguir que la calidad y la practicidad sean una garantía de que los trabajadores van a cualificarse de forma adecuada, debemos fijarnos en conceptos como estos:

  • Revisar el CV del formador, tanto en la parte práctica como en la teórica.
  • Comprobar los índices de contenido tanto de la parte de aula como de la zona práctica y que contengan los requisitos que previamente hemos evaluado y que necesitamos para nuestros trabajadores.
  • Cerciorarnos de que equipos se van a utilizar, que se dispongan de estos para todos los operarios que realizarán la formación.
  • Tener cuantificados los tiempos de los recorridos que van a ejecutar el 100% de los trabajadores y que esto encaje con el tiempo de la formación.
  • Verificar la ratio profesor alumnos sobre todo en la parte práctica, en cursos de altura una relación 1/8 sería correcto.

En Proalt Ingeniería impartimos formación en seguridad en altura acorde a las necesidades de cada trabajo y cumpliendo con lo establecido en materia de Prevención de Riesgos Laborales, siendo totalmente transparentes tanto con los profesionales formadores y el contenido, como con los EPIS e instalaciones que se van a utilizar en cada curso.

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